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Lote 5987

JOSE MARIA MORATÓ ARAGONÉS

JOSE MARIA MORATÓ ARAGONÉS
San Cugat del Vallés
Firmado: en el ángulo inferior izquierdo
Óleo sobre lienzo
Titulado y rubricado en el reverso
81 x 65 cm | 100 x 84 cm (con marco)



MORATÓ ARAGONÉS, José María – Reus (Tarragona) 1923 – Barcelona 2006 -- Aunque nació en Reus, diversas circunstancias le llevaron a vivir a Cornudella de Montsant ( Priorat ).Su precocidad artística le lleva con solo 17 años en 1941 a ganar la Medalla Fotuny. Se traslada a Barcelona, donde empieza su amistad con Bonaventura Puig y Perucho, heredero del paisajismo corotiano y de quien Morató siempre quiso reconocerse discípulo, conoce también en Montserrat a Miquel Villà, que influirá en su forma de analizar el color del paisaje. Iniciado pues, en el impresionismo, no será hasta su primer viaje a París en 1950 donde se siente influenciado por Cézanne, entrando en el desarrollo expresionista, dando preferencia a los grises y azules. A pesar de ello nunca se sintió profundamente ligado a ningún movimiento, pero si que consiguió que su pintura fuera sincera, trabajando la obra desde dentro. En su segundo viaje a París, en 1954, descubre la pintura plana y la obra de Clavé, Bouffet y Chagall, desarrollando el gusto por una estética de talante expresionista, de perfiles marcados, rasgos acentuados y preferencia por los grises-azules y las tonalidades frías, empezando a ser conocido por su “rica paleta agrisada”. París e Italia (donde en 1955 empieza a trabajar la pintura de estudio y se libera de las imposiciones de la obra al natural) serán, pues, los dos centros que le aporten los elementos necesarios para elaborar su propio estilo, fruto de la fusión de tendencias opuestas. Esa búsqueda del equilibrio entre lo real y lo abstracto, huyendo de las modas e intentando que su pintura fuera sincera y natural. En los años 60 una de sus épocas más productivas, empieza utilizar la espátula, constituyendo un atractivo exclusivo de los valores reales a los que cada vez se quiere acercar más. En la obra de Morató Aragonés hubo siempre una preocupación que preponderaba sobre las demás circunstancias: la de dar unidad al cuadro. Esta característica aparece impresa, hoy, en cada una de las obras de este pintor, de manera precisa y convincente. A ello llegó a través de depurar las líneas básicas de la composición hasta saber quedarse con los elementos precisos, cabales, de cada tema; también, por medio de una unidad del color, que se recrea en los tonos apagados, en armonías de grises suaves, azules y desvaídas, de sienas delicados, rosas y verdes apenas insinuados. Morató siempre quiso mantenerse vinculado a su tierra, pintando los paisajes de Cornudella y de Reus, que alternaba en sus períodos más viajeros con vistas de los lugares que visitaba, como el paisaje francés, con una arquitectura que favorecía la geometrización, y el austero paisaje castellano, que propiciaba el juego cromático y compositivo de difícil solución. Fueron dos vértices opuestos de una realidad que él supo conjugar con destreza y maestría. Una de sus frases más elocuentes, es “Cuando mejor me encuentro es pintando el recuerdo de lo que he vivido.

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