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Lote 6004

VENTURA ALVAREZ SALA Y VIRGIL

VENTURA ALVAREZ SALA Y VIRGIL
"Busto femenino"
Firmado: en el ángulo inferior izquierdo
Óleo sobre cartón duro

58 x 44 cm | 71 x 57 cm (con marco)



ALVAREZ SALA Y VIGIL Buenaventura, - Asturias 1869 - 1919 - Comúnmente conocido por Ventura, pertenece al grupo de pintores asturianos formados en la corriente realista característica del último tercio del siglo XIX, con estancias de estudios en los dos centros tradicionales de la enseñanza artística en la España decimonónica (Madrid y Roma). Por otra parte, como artista en busca de reconocimiento público y oficial para su arte, participó con extraordinaria asiduidad en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, figurando en todas las celebradas entre 1892 y 1915, incluso presentando casi siempre una o dos obras, frente a las numerosas de otros pintores. Son, casi todos, lienzos de gran formato que responden en el tema y en el tratamiento a las corrientes características del lenguaje artístico del momento y que le habían de proporcionar Medallas en diversas ocasiones, dos de Tercera Clase, dos de Segunda y una primera Medalla en 1915, por el cuadro El pan nuestro de cada día. Los títulos de las otras obras premiadas, ¡Todo a babor!, La rifa de la xata, Emigrantes, y Arando latierra (Asturias), así como otros conocidos de su producción, entre los que destacan La promesa, El entierro de un niño de aldea, y Las pescadoras de marisco, son indicativos de la órbita en la que se inscribe su obra, que además de gran dibujante, se acerca a las dos tendencias características del realismo finisecular, aquel que ofrece un matiz de carácter social y aquel otro que se aproxima a la veta costumbrista, con un marcado acento regionalista, tratando de captar y reflejar la esencia del pueblo astur a través de la plasmación de escenas de la vida contemporánea, de sus tipos característicos, sus costumbres, fiestas y trabajos. El retrato, género que adquiere singular desarrollo a finales de siglo XIX como un elemento más de afirmación social de la burguesía y de los próceres locales, va a ocupar también gran parte de su producción, revelando un tratamiento distinto entre aquellos más “oficiales”, en los que las figuras se muestran posando protocolarias, revestidas de un empaque especial, inmersas en ricos interiores en los que no faltan los tradicionales cortinajes, y los retratos de seres próximos costumbristas, principalmente familiares y amigos en los que el pintor se libera de las convenciones para ofrecer un trabajo más personal y espontáneo.

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