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Lote 6406

SEGUIDOR DE BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

SEGUIDOR DE BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO
“Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos”

Oleo sobre lienzo.
Nos encontramos ante una excepcional reproducción probablemente del S.XVIII de la obra de Murillo conocida como “Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos”, cuadro realizado en 1672 por encargo de Miguel de Mañara, para la decoración de la iglesia de San Jorge del Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla. Tiene unas dimensiones de 3.25 x 2.45 metros y se encuentra situado actualmente, después de numerosos traslados, en el mismo lugar en el que fue colocado originalmente, en un retablo marco del citado templo. La obra forma parte de un grupo de lienzos que se le encargó al pintor para desarrollar un programa iconográfico relacionado con las obras de misericordia y el ejercicio de la caridad, con objeto de señalar a los miembros de la Hermandad de la Santa Caridad, radicada en esta iglesia, el camino que debían seguir en la tierra para alcanzar la salvación eterna. En el lienzo se representa a Santa Isabel de Hungría ayudada por unas damas, mientras vierte agua sobre la cabeza de un niño que se encuentra afectado de tiña cápitis, enfermedad del cuero cabelludo producida por hongos dermatofitos.
83 x 61 cm | 110 x 88 cm (con marco)



MURILLO, Bartolomé Esteban .- Sevilla 1617 – 1682 - Pintor barroco español considerado el baluarte central de la escuela sevillana y del que derivarán un elevado número de discípulos y seguidores que llevaron su influencia hasta bien entrado el siglo XVIII. Fue también el pintor español mejor conocido y más apreciado fuera de España y aunque el grueso de su producción está formado por obras de carácter religioso con destino a iglesias y conventos sevillanos, cultivó también la pintura de género de forma continuada e independiente a lo largo de buena parte de su carrera pictórica. Recibió el primer encargo importante de su carrera con los once lienzos para el claustro chico del convento de San Francisco de Sevilla, en los que trabajó de 1645 a 1648. En los años inmediatos al terrible impacto de la peste de 1649 no se conocen nuevos encargos de aquella envergadura, pero sí un elevado número de imágenes de devoción, entre ellas algunas de las obras más populares del pintor, en las que el interés por la iluminación claroscurista se distancia de lo zurbaranesco por la búsqueda de una mayor movilidad e intensidad emotiva, al interpretar los temas sagrados con delicada e íntima humanidad. La propia evolución de su pintura hizo posible su rápida asimilación de las novedades del pintor Francisco Herrera Mozo al ejecutar figuras monumentales, mayores que el natural por ir colocadas en lo alto de las paredes, aparecen bañadas por una luz plateada que provoca en las túnicas blancas destellos brillantes logrados por una técnica de pincelada pastosa y fluida. En 1658 pasó algunos meses en Madrid para conocer las últimas novedades que en materia de pintura se practicaban en la corte e inicia la creación de efectos atmosféricos en las escenas laterales, más retrasadas y con focos de luz autónomos. Entre sus múltiples obras cabe destacar la Inmaculada Concepción de El Escorial, El Buen Pastor, Niño espulgándose, Las bodas de Caná, Los desposorios místicos de santa Catalina, etc. En las últimas décadas del siglo XVII la pintura amable y sosegada de Murillo, con sus modelos de Vírgenes y santos impregnados de una sentimentalidad dulce y delicada, se impuso en Sevilla, se trata, sin embargo, de una influencia superficial, centrada en la imitación de modelos y composiciones, sin alcanzar ninguno de sus seguidores el dominio del dibujo ligero y suelto ni la luminosidad y transparencia del color propias del maestro. Cuadros de Murillo se documentan desde fechas tempranas en colecciones flamencas y alemanas, también antes de terminar el siglo llegaron algunas de sus obras a Italia, Inglaterra y Francia. Obras suya figuran en todos los grandes museos del mundo como el Prado o el Louvre entre otros.

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