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Lote 6766

JOSE MORILLO FERRADAS

JOSE MORILLO FERRADAS
"Tertulia alrededor del brasero"
Firmado: en el ángulo inferior izquierdo
Óleo sobre tabla

20 x 28 cm | 28 x 36 cm (con marco)



MORILLO FERRADAS, José – Vejer de la Frontera (Cádiz) 1853 – Cádiz 1920 – Nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en la Escuela Oficial de Bellas Artes de Cádiz desde 1871 a 1877, años en los que aprovechó especialmente la docencia de su maestro Ramón Rodríguez Barcaza, director del centro, y que más tarde se convertiría en su suegro. En 1877 fue pensionado por la Diputación Provincial para cursar estudios fuera de la ciudad, lo cual vino a hacer en Madrid y, durante tres años, en París, donde asistió al taller de Léon Bonnat y, en especial, intimó con el maestro valenciano Francisco Domingo, quien definió el estilo del pintor gaditano. A su vuelta a Cádiz, fue nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes en 1885 en la materia fundamental de Colorido y Composición. Ello conllevó su nombramiento como conservador del Museo en 1896, cargo ratificado en propiedad por la Academia de Bellas Artes de San Fernando un año después. En 1897 fue nombrado igualmente académico de la de Bellas Artes de Cádiz. Previamente, desde 1892, ya lo era como correspondiente de la de San Fernando. No solía concurrir a exposiciones fuera de la ciudad, pero en Cádiz y, en especial, en la Escuela, junto al profesor José Pérez Siguimboscun, se convirtió en el pintor y docente más destacado y apreciado, contando entre sus discípulos más adelantados a Federico Godoy y Felipe Abárzuza. Al margen, pues, de su producción, amplia y con mercado fácil a lo largo de su vida, la obra más significativa la constituye el lienzo La visita de Julio César al templo de Hércules en Cádiz, hoy en el Museo Provincial de Cádiz, Primer Premio del Certamen de Historia, el último que se celebró de toda una tradición casi centenaria en la ciudad, convocado por la Academia local en 1894. La pintura de José Morillo, muy unitaria, con escasas variantes estilísticas, una vez construido su estilo junto a Francisco Domingo, participó de las constantes que, en su época y generación, manifestaron los cuadros de casacón y tabletines, en última instancia sugeridos por el prestigio alcanzado por Mariano Fortuny. En sus obras, se observa el trazo rápido, suelto y empastado, la mancha como sugerente definición de una forma real, al servicio de temas populares, costumbristas y anclados en tipos de los siglos XVII y XVIII, así como un perfecto dominio de la composición y del movimiento por las actitudes de sus figuras. Especial encanto traslucen sus figuras de animales, en especial perros y caballos. Nunca cayó en el amaneramiento de sus temas, pues bastaron sus formas en una inmediatez que, de no ser por el predominio de un tono local y la huida de los colores puros, llevaría directamente al luminismo. No obstante, cuando incidía en el paisaje, cuando elaboraba cuadros de mayor formato, los trazos se disciplinaban, subía el color y se orientaban las formas hacia lo rigurosamente académico. De su paso por la Academia gaditana se dice que influyó decisivamente en los artistas locales de la época, en buena parte, debido a su personalidad. La escuela gaditana permaneció anclada en el realismo del que era su claro exponente José Morillo tal y como se puede leer en la «Historia del Arte en Andalucía»: «fue, desde su cátedra gaditana, maestro de varias generaciones y artista de estilo propio en el que puede señalarse una evolución que va desde el historicismo al pleno realismo». En cualquier caso, José Morillo representa la línea conservadora de una pintura gaditana que desecha las innovaciones aportadas por el modernismo y, por ejemplo, se mantiene al margen, pese a la luz maravillosa de su tierra, del cromatismo luminoso de Sorolla. Su producción está fundamentalmente esparcida por colecciones particulares. Un Retrato de señora, de su etapa parisina, se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Granada, así como una Muchacha en interior, de 1891, en el Museo Nacional de Cuba en La Habana. El Museo Provincial de Cádiz atesora por demás, una colección significativa de su obra.

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