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Lote 6988

JORDI FREIXAS CORTES

JORDI FREIXAS CORTES
Paisaje de masia con campesinos
Firmado: en el ángulo inferior derecho
Óleo sobre lienzo

60 x 70 cm | 70 x 80 cm (con marco)



FREIXAS CORTÉS, Jordi – Barcelona 1917 – 1984 - Fue un pintor de la "generación perdida", como la denominó el crítico Rafael Santos Torroella, compañero de tribulaciones del acuarelista Joan Llaverias, de los pintores Josep Mª Mallol Suazo, Joan Palet, Lluís Pallarès y Xavier Blanch, del historiador del arte Enric Jardí, personajes todos nacidos a mediados de la segunda década del siglo XX. Los artistas catalanes que vinieron al mundo en aquel lapso de tiempo no pudieron hacer la inexcusable estancia en París hasta una fecha relativamente tardía, en el caso de Freixas Cortés hasta 1949, a la edad de de treinta y dos años. Fue entonces cuando, en plena fiesta del informalismo y de las corrientes abstractas de la postguerra, pudo al fin conocer de primera mano la potente tradición moderna de la pintura francesa (Sisley, Pissarro, Seurat, Bonnard, Matisse). En la ciudad del Sena el joven pintor barcelonés también debió conocer muy de cerca las aportaciones de los pintores figurativos que siguieron en la estela de los mencionados maestros, en particular los exponentes de la llamada Réalité poétique. La experiencia parisiense de más de dos años de duración y una estancia posterior en Roma, así como las exposiciones en París, Bruselas, Caracas, México, etc., confirieron al pintor un carácter cosmopolita, aquel refinamiento discretamente afrancesado que a menudo encontramos en los grandes maestros de la escuela catalana (Casas, Rusiñol, Anglada, Sunyer). Especialmente decisivo para Freixas Cortés fue el legado artístico de Pierre Bonnard. La posibilidad de acceder in situ a los cuadros del pintor normando decantaron definitivamente su obra hacia el color, hacia la concepción del color como herramienta principal de la expresión pictórica. La paleta más contenida y afinada en grises de su producción inicial de paisajista dejó paso a una pintura presidida por el estudio de las gamas cromáticas, de los contrastes entre amplias masas de tonos cálidos y tonos fríos, de su potencial cromatismo y vibración armónica. La obra de Freixas, comenzó a manifestarse públicamente en 1958 a raíz de su exposición individual en Bruselas. Su pintura se benefició de una concepción más actual, más original y propia del artista, más expresiva y audaz en la utilización del lenguaje pictórico y especialmente de los recursos cromáticos. A la postre la experiencia no supuso un cambio radical pero señaló el inicio de una madurez espléndida. El instinto colorista del pintor estalla con toda su fuerza. Freixas Cortés se entrega a una verdadera orgía de estímulos visuales. Sus cuadros se convierten en una apoteosis del color y de luz. Vivida la pintura como un instante de gozo irrepetible, y cada una de sus pinceladas, se traslada al lienzo con un virtuosismo suave nada grandilocuente ni efectista. Su legado es inestimable, el de un buen pintor, de un artista honesto, de un creador que se consideraba así mismo un eterno aprendiz con la modestia proverbial de los maestros de verdad.

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